Pan de Muerto Tradicional – Pero sin crueldad

2 de Noviembre, día en que los mexicanos recordamos y honramos a aquellos que nos han dejado. En todo México (aunque desafortunadamente, cada vez menos) desde mediados de octubre pueden encontrarse por las calles puestecitos que venden calaveritas de azúcar. También se encuentra el exquisito Pan de Muerto.

No hay razón para negarse el tremendo gusto de comer esta delicia tradicional cuando se puede preparar en casa y sin productos de orígen animal. Conserva esta bella tradición (o inicia una nueva tradición, si estás en otro país!).

El Pan de Muerto tradicional se prepara con agua de azahar, la que le brinda su exquisito y delicado sabor característico. Ésta puede encontrarse (ú ordenarse) en farmacias grandes, aunque hay quienes, ya sea por economía o facilidad la substituyen por té (infusión) de azahar. Obviamente esto altera el sabor original, ya que el sabor del té es mucho menos concentrado. Si eliges esta ruta, te sugiero que dobles la cantidad de rayadura de naranja para otorgarle a tu pan un sabor más pronunciado.


Lo que se necesita para dos panes grandes

Masa

45 gramos de levadura de panadería, ó 2¼ cucharaditas de levadura en polvo

2 cucharadas de agua de azahar (se consigue en farmacias grandes o se substituye por té de azahar, favor de leer la introducción)

⅔ tazas de leche de soya

4 tazas de harina

½ taza de azúcar

1 cucharadita de sal

1 cucharadita de rayadura de naranja (sólo la parte anaranjada porque el blanco amarga)

1 taza de tofu suave (estilo silken) bien batido

1 taza de margarina sin sal

 

Para decorar

¼ taza de margarina sin sal

½ taza de azúcar

 

Como se prepara

La masa

Pon el agua de azahar, 1/3 de taza de leche de soya y 1/2 taza de agua en un tazón. A continuación disuelve bien la levadura. Tapa con un trapo limpio y deja reposar en un lugar tibio por 30 minutos hasta que haya esponjado un poco y tenga burbujitas.

En un tazón grande mezcla el resto de la harina, azúcar, sal y rayadura de naranja. Agrega el tofu, la leche y la mezcla de harina y levadura que dejaste reposando. Ahora viene lo interesante. Si tienes batidora grande, ponle el mezclador de gancho a mediana velocidad. Si eres pobre como yo, ¡a amasar se ha dicho! Empieza con una mano mientras agregas la margarina en pedacitos con la otra. Amasa bien entre cada adición.

Cuando hayas incorporado toda la margarina, amasa por otros 15 minutos (o deja la batidora trabajar), hasta que la masa se suavice y se despegue fácilmente de los lados del tazón. En este punto la masa debe de tener una consistencia muy suave y gelatinosa. Si sucede que esté demasiado pegajosa puedes agregarle un poquito más de harina, pero procura que no sea más de dos cucharadas, para que el producto final no quede seco.

Engrasa otro tazón con margarina y coloca dentro la masa. Cubre con el trapo limpio y deja reposar en un lugar tibio hasta que doble su tamaño, aproximadamente una hora y media. Golpea la masa para sacarle el aire y dale vuelta con cuidado para que la parte de abajo quede arriba. Cubre con plástico de cocina. Refrigera toda la noche.

Saca la masa del refrigerador, quítale el plástico y déjala reposar en un lugar tibio por una hora. Enharina tu superficie de trabajo y transfiere la masa. Con una espátula o cuchillo, corta una pieza del tamaño de una lima grande para hacer los huesos. Divide el resto de la masa a la mitad y forma dos bolas compactas. Asegúrate de sacarles bien el aire. Corta dos piezas grandes de papel encerado, de unos 40 centímetros por lado y acomoda una bola de masa sobre cada uno. Aplana la masa ligeramente con la mano.

Corta la masa que tienes reservada en 6 partes. Enrolla un trozo de masa con los dedos abiertos para moldear un hueso aproximadamente dos centímetros más largo que el tamaño de los círculos de masa. Repite con otros tres trozos de masa. Coloca dos de estos huesos cruzados sobre cada bola de masa. Haz una bolita con cada uno de los dos trocitos de masa restantes y ponlas aparte. Cubre todo con un trapo y deja reposar hasta que doble su tamaño, aproximadamente hora y media.

Calienta el horno a 170°.

Con cuidado, toma las bolitas de masa que reservaste y pon cada una en el centro de los panes, justo donde los huesos se juntan, con un poco de agua para ayudarlas a que peguen.

Hornea hasta que el pan muestre un dorado ligero y parejito por arriba, de 20 a 30 minutos. Cubre con papel aluminio y deja hornear otros 10 minutos o hasta que el pan esté dorado por abajo. Remueve del horno y deja enfriar en una parrilla.

Decorado

Derrite la margarina y satura bien los panes con ayuda de una brocha de cocina. Inmediatamente espolvorea azúcar por encima.

 

 

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