¿Por qué son dañinos los granos refinados?

Recuerdo haber visto cuando era pequeña un episodio de la caricatura japonesa “Heidi” dónde la protagonista, después de pasar una temporada en la ciudad, le lleva de regreso a su abuela campesina una canasta de pan. La viejecita se pone feliz: a diferencia de lo que ella acostumbra, el pan de la ciudad es muy suave y blanco, y ella puede comerlo aunque ya no tiene dientes.

Desafortunadamente esta historia hace referencia a lo que en nuestros días la mayoría de la gente consume: grano en su estado más refinado. Este alimento básico contiene pocas o ninguna propiedades nutritivas y no puede mantener vida humana o animal.

El trigo es un ingrediente principal en muchas dietas en el occidente. Pero después de ser cosechado raramente se utiliza en su forma integral, con sus componentes intactos. Invariablemente, cuando comemos granos, los ingerimos en forma de panes, pastel, pasta, cereales y otras formas procesadas que han sido tratadas, sobrecalentadas y fraccionadas hasta que es casi imposible reconocer lo que eran originalmente. Casi todos los productos de grano han sido refinados de una u otra manera.

¿Por qué son dañinos los granos refinados?

  • Están compuestos casi enteramente de almidón y gluten.
  • Prácticamente carecen de fibra.
  • Hay más de 25 quîmicos diferentes que pueden ser agregados al grano refinado y productos de panadería.
  • Los granos son rutinariamente fumigados.
  • Son químicamente blanqueados.
  • Contienen colores y sabores artificiales.

Como los granos refinados están desbalanceados nutricionalmente, son responsables por contribuir al sobrepeso y al desarrollo de diferentes enfermedades degenerativas. El balance alterado de fósforo y calcio en estos productos promueve el deslave de calcio de dientes y huesos. Los granos refinados y el azúcar son los principales responsables del deterioro dental en occidente, así como una de las mayores causas de huesos frágiles en ancianos.

La panadería, laboratorio químico

El pan comercial —específicamente el del supermercado—no tiene nada que ver con el pan que se hace en casa. Las fábricas de pan comercial usan enormes cantidades de químicos, aditivos, blanqueadores y preservativos. El color blanco del pan refinado se obtiene agregando blanqueadores. Otros químicos oxidantes se añaden después para “madurar” el harina. El uso de estos químicos ha sido prohibido en varios países de Europa.

El siguiente paso es agregar acondicionadores químicos a la masa para que el pan resultante se mantenga fresco por más tiempo, sin endurecerse en el estante del supermercado.

Para darle esa consistencia suave, esponjosa y blanca una gran cantidad de mono- y diglicéridos son también agregados a la masa. A la fecha se desconoce el efecto en la salud de estos aditivos.

Algunos de los químicos que son añadidos como acondicionadores a la masa son similares al anticongelante automotriz y causa diversos problemas de salud en los obreros que trabajan en su producción.

Una persona promedio come alrededor de 40 kilos de pan al año, compuestos además de harina refinada por 1 kilo de sal, 1 1/2 kilos de azúcar (también refinada), 1 kilo de leche en polvo modificada. 1 kilo de levadura, 1/2 kilo de activadores enzimáticos, 1/4 de kilo de sulfatos, clorohidratos y bromatos y 1/8 de kilo de otros aditivos. El efecto de todos estos químicos y sustancias no alimentarias consumidos juntos, promueven un efecto multitóxico que no ha sido estudiado a fondo.

Es triste pensar que extender la fecha de caducidad de un producto es más importante para estas compañías que la salud y bienestar de la gente. Debemos aprender a identificar el pan falso del real y acostumbrarnos al sabor y la textura del grano entero.

Fuente: Food Matters

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